La cuidad de oro
Pedro iba lentamente por la calle Volta llevando el laptop de Sasha. Dobló la esquina. Ibamos detrás arrastrando nuestras maletas. Se había puesto la bufanda de color verde oscuro y el color del cielo la hacía más bonita. No nos miraba a nosotras y caminada como si estubiera solo. Sasha y yo nos miramos pero no dijimos nada. El último día en S.......a. La última hora... Entramos en el autobús. Pedro se sentó delante. De pronto se volvió a vernos. Bye, Pedro!
Bye Pedro, adios, Madrid - pensaba yo en el avión. Debajo de la ala estaba Madrid brillando con sus faroles rosos. Y encima estaban sólo el cielo negro y las estrellas, tan grandes y luminosas como mis lágrimas es que lloraba. Cuando me voy de España siempre lloro. Lloraba porque sentía como el presente se convertía en el pasado, en los recuerdos. Se pedrificaban los colores, los voces, los imágenes, el aire impediendome respirar. Me di cuenta que nunca podría cambiar este piedra de los recuerdos. Son como aquellas estrellas encima de la cabeza que sólo giran pero se quedan las mismas. Algunas mueren, otras se encienden.
Aquella tarde decidí dibujar su retrato. Perdo no estaba en casa, fue a llamar a su hermana Isabel que seguia viviendo en Guatemala con sus padres.
Encendí la camara y encontré la foto. Habiamos querido salir esta noche pero no. Sacha estaba sentando en su cama y hacia deberes. Mejor dibujar. Me acordé el viento de fuera... No, gracias. Mejor estar en casa.
Su cara salia un poco rara, pero se le parecia a él. El pelo negro, un poco risado. La mirada un poco distraida. Parecia a un dios romano pensando en sus asuntos sin hacernos ningún caso como si no existieramos.
Aquella noche cuando paseabamos nosotros tres - Kirill, Sebastian y yo, por la plaza roja en Moscú me acordé a Pedro. Lo vi en los ojos de Sebasian, el colombiano. Los de America Latina tienen algo común que no tienen los españoles. Se mueven de otra manera. Pasan lentamente por tu lado como si fuera alguna muralla de cristal entre tu y ellos. Y temes romperla. Parecen frágil pero tienen el poder el el dentro. Es lo que me hace admirar.
- An, mira, pegó tu retrato al armario! Dijo Sasha asomándose del balcón y mirando a su habitación. Me sentí contenta y calma. Y feliz.
- Ah, gracias por el retrato!- dijo él comiendo el pollo que le habia preparado el ama y mirando de pronto directamente a mis ojos.
- Emm. De nada. - murmuré yo.
Bye Pedro, adios, Madrid - pensaba yo en el avión. Debajo de la ala estaba Madrid brillando con sus faroles rosos. Y encima estaban sólo el cielo negro y las estrellas, tan grandes y luminosas como mis lágrimas es que lloraba. Cuando me voy de España siempre lloro. Lloraba porque sentía como el presente se convertía en el pasado, en los recuerdos. Se pedrificaban los colores, los voces, los imágenes, el aire impediendome respirar. Me di cuenta que nunca podría cambiar este piedra de los recuerdos. Son como aquellas estrellas encima de la cabeza que sólo giran pero se quedan las mismas. Algunas mueren, otras se encienden.
Aquella tarde decidí dibujar su retrato. Perdo no estaba en casa, fue a llamar a su hermana Isabel que seguia viviendo en Guatemala con sus padres.
Encendí la camara y encontré la foto. Habiamos querido salir esta noche pero no. Sacha estaba sentando en su cama y hacia deberes. Mejor dibujar. Me acordé el viento de fuera... No, gracias. Mejor estar en casa.
Su cara salia un poco rara, pero se le parecia a él. El pelo negro, un poco risado. La mirada un poco distraida. Parecia a un dios romano pensando en sus asuntos sin hacernos ningún caso como si no existieramos.
Aquella noche cuando paseabamos nosotros tres - Kirill, Sebastian y yo, por la plaza roja en Moscú me acordé a Pedro. Lo vi en los ojos de Sebasian, el colombiano. Los de America Latina tienen algo común que no tienen los españoles. Se mueven de otra manera. Pasan lentamente por tu lado como si fuera alguna muralla de cristal entre tu y ellos. Y temes romperla. Parecen frágil pero tienen el poder el el dentro. Es lo que me hace admirar.
- An, mira, pegó tu retrato al armario! Dijo Sasha asomándose del balcón y mirando a su habitación. Me sentí contenta y calma. Y feliz.
- Ah, gracias por el retrato!- dijo él comiendo el pollo que le habia preparado el ama y mirando de pronto directamente a mis ojos.
- Emm. De nada. - murmuré yo.
- 9
- 8
- 1
Journals Statistics
| Total | 25 entries |
|---|---|
| This Month | 0 entries |
| This week | 0 enrties |
Latest entry
| La India - indios y españoles (2) |
| TEST (0) |
| TEST (0) |
| meri madad kijie (3) |
| Españoles (0) |
Latest comments
| Mar 15th PIYUSH |
| Feb 06th adi |
| Jun 02nd jull |
| May 26th Esteban |
| May 26th españolcienporcien |
Entries by Month
| 2012 |
|---|
| - May (1) |
| - February (3) |
| 2011 |
| - August (1) |
| - June (2) |
| - May (5) |
| - April (4) |
| 2010 |
| - September (3) |
| 2009 |
| - August (1) |
| - May (1) |
| - March (4) |

Pedro iba lentamente por la calle Volta llevando el portátil de Sasha.
Se había puesto (llevaba puesta) la bufanda de color verde oscuro y el color del cielo la hacía más bonita.
No nos miraba y caminaba como si estuviera solo.
Chao, Pedro!
Adiós Pedro, adiós Madrid, pensaba yo en el avión.
Debajo del ala estaba Madrid brillando con sus faroles rojos.
Y encima sólo el cielo negro y las estrellas, tan grandes y luminosas como mis lágrimas al llorar.
Lloraba porque sentía como el presente se convertía en el pasado, en recuerdos.
Se petrificaban los colores, las voces, las imágenes, el aire, impidiéndome respirar.
Son como esas estrellas encima de la cabeza que sólo giran pero se quedan iguales.
Pedro no estaba en casa, fue a llamar a su hermana Isabel que seguía viviendo en Guatemala con sus padres.
Habíamos querido salir esa noche pero no.
Sacha estaba sentado en su cama y hacía deberes.
Su cara salia un poco rara, pero se parecía a él.
El pelo negro, un poco rizado.
La mirada un poco distraída.
Parecía a un dios romano pensando en sus asuntos sin hacernos ningún caso, como si no existiéramos.
Aquella noche cuando paseábamos nosotros tres - Kirill, Sebastian y yo, por la plaza roja en Moscú me acordé de Pedro.
Lo vi en los ojos de Sebastian, el colombiano.
Pasan lentamente por tu lado como si hubiera alguna muralla de cristal entre tu y ellos.
Parecen frágil pero tienen el poder dentro.
Es lo que admiro de ellos.
- An, mira, pegó tu retrato en el armario!
Dijo Sasha asomándose del balcón y mirando su habitación.
Me sentí contenta y calmada.
- Ah, gracias por el retrato!- dijo él comiéndose el pollo que le había preparado el ama y mirándome de pronto directamente a mis ojos.